... de lo que su gran tarea requería. Si estudiamos su diario personal, sus sermones, sus conversaciones, toda su vida; observamos que son el fiel reflejo de los hábitos y características de un hombre de oración.
Conclusión
Si este artículo despierta en los ministros del evangelio y los cristianos un aprecio mayor de lo que es servirle al Señor, sobre todo en el desarrollo real de una vida espiritual más consagrada, será una contribución, importante y muy necesaria, tanto para el ministerio y la iglesia, como para un mundo caído en la maldad. A mi juicio, el ministerio, la iglesia, y el mundo, necesitan en este momento, más que ninguna otra cosa, más espíritu de oración, una devoción más intensa y más profunda, y un acercamiento a Dios, para que Él pueda acercarse a ellos.
Cuando la iglesia atraviesa por momentos críticos, Dios levanta hombres para un servicio específico. Sus recursos no se agotan. Su poder creador aun puede levantar Pablos, Luteros y Calvinos, Bunyans y Whitefields, o cualquier otro instrumento para cubrir las exigencias de nuestro tiempo. Es justo preguntrnos: ¿Necesitamos esa clase de hombres de Dios en la Iglesia de hoy? «Oremos, pues, para que el Señor envíe obreros a la mies».
Artículo condensado de C.E. Stowe, Señales del hombre de Dios, 1854.
Tomado de GUÍA PASTORAL 1998 Logoi, Inc.
Usado con permiso.