... sino cooperar con Dios para que las personas sean transformados por el amor de Cristo, de modo que la imagen y semejanza del Creador se plasme en sus propias vidas.
Planificar a futuro
«Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros. Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos». (Romanos 14.23-25)
La cultura latinoamericana no suele propiciar una planificación estratégica hacia el futuro. Si alguien indagara acerca de los planes que la iglesia cristiana tiene para los próximos 50 años en la región, probablemente se quedaría sin respuesta. ¡En realidad, si tan solo preguntara acerca de los proyectos para los siguientes cinco años también recibiría silencio como contestación!
Dejemos de perder dinero, tiempo y esfuerzo en planes trasnochados y frustraciones anunciadas, y aprendamos de nuestro Maestro, cuyo plan de vida estuvo perfectamente trazado desde que sus padres terrenales lo escucharon decir: ?«¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?» (Lucas 2.49)
Tomemos nota del apóstol Pablo, de quien podemos descubrir ?en el libro de los Hechos y en sus cartas? que acostumbraba planificar hacia el futuro, independientemente de los sentimientos, la oposición o la carencia o abundancia de recursos.
Para ello se hace imprescindible que todos los representantes del cristianismo nos sentemos en torno a una mesa de diálogo y, en un esfuerzo conducido por la humildad, nos propongamos delinear las realidades de nuestro continente. En otras palabras: definir cuáles son las demandas y las tendencias (¿hacia dónde van nuestras sociedades?) y enfocar nuestro accionar hacia adelante, con una mirada puesta en el pasado ?como acción de gracias y para aprender las lecciones de la Historia? y otra en el presente, sin descuidar los requerimientos inmediatos y urgentes.
Una agenda hacia el futuro ?cincuenta, veinte o diez años? nos llevaría a pensar más allá de nuestra generación (sin importar si veremos o no lo que planifiquemos) y establecer los pasos a seguir para cumplir con nuestra misión en el sitio en donde el Señor nos colocó para ser testigos de Él. ¡Pensar en el mañana en forma seria, humilde y responsable!
Me conmueve la oración de aquel pastor ...