... en su artículo ?Opiniones distintas?. Sin embargo, demasiadas diferencias en el seno de la iglesia?motivadas por fuertes deseos personales? terminan en sentimientos heridos, palabras fuertes, chismes, autoprotección, autocompasión, temor, mientras unos huyen del conflicto o apaciguan a los involucrados para no terminar heridos, otros piden perdón por cosas no cometidas, otros buscan aliados, y el resultado final es «perturbación y toda obra perversa» (3:16).
Escuchamos recientemente de un pastor y su esposa que se peleaban todos los domingos por la tarde. Después de tomar un compromiso ante Dios de que solucionarían esas riñas, se dieron cuenta de que Santiago tiene razón. Los dos deseaban algo y cada uno estaba dispuesto a luchar para conseguirlo. Pastor de una iglesia pequeña, él era el típico hombre orquesta. Cansado de visitar, aconsejar y predicar toda la semana, los domingos por la tarde deseaba descansar frente al televisor. Por otro lado, su esposa, que no veía a su marido durante la semana, los domingos después del culto deseaba pasar tiempo con él. Los dos estaban dispuestos a pelear para lograr sus deseos: ella intimidad y él paz y tranquilidad.
Según Santiago, para resolver los conflictos sin que se conviertan en pleitos y guerras es necesario recordar:
1) Una guerra siempre revela algo acerca de mi propio corazón, revela que tengo malos deseos que luchan in mi interior (Stg. 4:1). Cuando el problema comienza a subir de tono es necesario preguntarse qué está revelando sobre mi corazón y sobre mi relación con Jesús. Como dice el viejo refrán: «se necesitan dos para bailar». Conviene preguntar ¿por qué estoy en el baile?
2) La sabiduría de Dios es: «primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía» (Stg. 4: 17).
3) En un conflicto Dios desea controlar nuestro ser «El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente» (Stg. 4:5).
4) Dios da la gracia para solucionar los enfrentamientos: «Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes» (4:6).
Dejo a los lectores con una promesa: «El fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz» (3:18).
Dr. Jaime Mirón es el Editor de Apuntes Pastorales y Vicepresidente de la Asociación Evangelística Luis Palau.
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