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El consejero bíblico


DESAFÍOS / Continuación

... si realizáramos una encuesta entre los miembros de nuestras congregaciones y les preguntáramos cuál es la meta principal en la vida cristiana. Algunos responderían: ?«Evangelizar», otros: ?«Cambiar la sociedad», y algunos: ?«Vivir para adorar a Dios». Lo llamativo del caso es que estas y muchas más son realidades que debe vivir cada persona que ama a Jesucristo y lo sirve como Señor y Salvador, pero que en ninguna medida constituyen el objetivo principal sino que son consecuencias ?frutos? que deberían seguir a un verdadero discípulo de Jesús.

La meta de las metas, el propósito principal, lo que Dios desea de cada hombre y mujer es llevarnos a un perfeccionamiento continuo de nuestra persona ?¡carácter!? de modo que nos parezcamos más a Jesús. En otras palabras: llegar a ser como Jesucristo es la meta fundamental de la vida cristiana. Todo lo demás llegará como resultado de mantener esta realidad en perspectiva.

Allí, pues, se encuentra uno de los mayores problemas que debe enfrentar el cristianismo, y no solo el latinoamericano sino en todas las naciones del planeta: lograr que cada creyente se transforme en discípulo, alguien que dedica cada minuto de su vida a imitar ?¡seguir, obedecer!? a su Maestro.

El Pacto de Lausana dice en uno de sus pasajes: «Evangelizar es esparcir las buenas nuevas de que Jesucristo murió por nuestros pecados y fue levantado de entre los muertos de acuerdo a las Escrituras y que como Señor que reina, Él ahora ofrece el perdón de pecados y el don libertador del Espíritu a todos los que se arrepienten y creen.

«Al extender la invitación del evangelio no tenemos la libertad de esconder el costo del discipulado. Jesús aún invita a todos los que quieran seguirle a negarse a sí mismos, a tomar su cruz y a identificarse a sí mismos con su nueva comunidad. Los resultados del evangelismo incluyen obediencia a Cristo, incorporación a su iglesia y servicio responsable en el mundo».

Todos los hombres y las mujeres de fe en Jesús deberíamos preguntarnos cada noche, al terminar la jornada: ?«Hoy, al concluir otro día, de acuerdo a las enseñanzas de la Biblia, ¿me parezco más a Jesús que ayer?» Si la respuesta fuera negativa, tendríamos que posponer cualquier actividad, evento o responsabilidad, arrepentirnos y ?en el poder del Espíritu Santo? cimentar nuestra vida en la Roca inconmovible de los siglos.

Está claro: no deberíamos ganar prosélitos que adopten una forma externa sino ...

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